EL AJEDRECISTA

Un matrimonio de recién casados adquiere un piso de segunda mano. En el trastero hay pertenencias del propietario, fallecido diez años atrás, y la intermediaria de la venta (una amiga de la actual propietaria) les dice que una vez adquieran el piso se pueden deshacer de esos efectos.
Antes de cerrar el trato les hace un suculento descuento con una única condición: tendrán que conservar el baúl de tres cerrojos que hay en el trastero hasta que la propietaria (que reside en una residencia de ancianos) fallezca.